miércoles, 2 de julio de 2014

ESPAÑA Vs. CATALUNYA. COMO LA ESCOPETA NACIONAL

A mi modesto entender cinematográfico Luis García Berlanga es el mejor director de la Historia del Cine Español. Lo que no es una opinión, si no un hecho meramente objetivo, es que es el mejor cronista de la España del S. XX. Sin duda. La Escopeta Nacional fue rodada en 1978, en los albores de una pseudodemocracia liberal burguesa que aun hoy día nos desgobierna. Un lavado de cara de lo que habían sido cuarenta años de dictadura de tres poderes fácticos: Iglesia, Ejercito y Banca; y hala, ya tenemos una democracia -no orgánica-. Todos ellos fielmente retratados y satirizados en esta obra maestra.


En 1978 España había sido capaz de forjar, tras mucho esfuerzo, una Constitución, que fue llamada de consenso, y quizá tenían algo de razón. No sé. Veníamos de un régimen dictatorial y teníamos que aunar diferentes realidades, derecha, socialistas, liberales, nacionalistas, comunistas,...; de una España que se había quebrado por la gracia de Dios hacia 1936. Quizá el resultado de toda esta amalgama fue ésta, nuestra Constitución de hoy. Y claro no era fácil, una chapuza en la organización territorial del Estado, una Constitución económica que no se cumple desde el primer día y unos principios rectores de la política social y económica que no inspiran acción alguna de las infinitas Administraciones que hemos creado en este Estado. Y cómo no, una monarquía que tuvo que ser aceptada hasta por el Partido Comunista, con el único objeto que traía la Democracia. Amén.

Y todo este retrato es el que genialmente filma Berlanga. Una Iglesia anclada en el S.XIX, interpretada por un clásico como Agustín González, que se ubica él solito por encima de lo divino y de lo humano. La familia de un Marqués, el de Leguineche, satirizada a la perfección por Luis Escobar y José Luis López Vázquez, que no dejan vicio por el camino. Y  cómo no, Jaume Canivell, industrial de porteros catalanes, que quiere aprovechar una cacería, por él pagada, en las tierras del marqués para hacer negocio en Madrid - o Madrit-.

La relación entre España y Cataluña -entendida como región, comunidad autónoma o estado independiente- lleva navegando  desde hace unos unos ciento cuarenta años, y las cosas no han cambiado tanto, la verdad. Y todo ello lo representa a las mil maravillas José Sazatornil, como Jaume Canivell, humillado y vejado hasta la saciedad por una burguesía en la más absoluta de las decadencias, y por un poder político que cambia según sopla el viento. Pero ahí está siempre el amigo catalán, fiel a sus negocios y no tanto a sus principios. Vamos que como decía Groucho, si no le gustan pues los cambio. Siempre ha sido así. Y quizá es lo que nos ha faltado en los últimos años, la compraventa de porteros no ha ido todo lo bien que querían, y claro, entonces el problema vuelve al principio: "el centralismo de los cuyons", que decía el sr. Canivell. A pesar de todo, la principal particularidad de este proceso es la izquierda, que ha aceptado el dogma nacionalista como si fuera un contrato de adhesión,  dejando olvidada la bandera y el lema de "proletarios del mundo uníos". ¿Por qué? Pues no lo sé, ni está ni se la espera. Probablemente sea el primer proceso nacionalista forjado en causas económicas y al que se abraza la izquierda autóctona amparándose en el derecho a decidir. En todo el mundo.

La política de hoy día no es más que el "yo te doy y tu me das"; luego ellos ya me darán algo cuando corresponda. Y Cataluña no ha vivido de otra manera en los últimos cuarenta años. Ahora bien, quizá haya llegado el momento de replantearnos ese pacto constitucional de 1978. Quizá merezca una reforma para ponerla al día, digo yo; que ya se ha hecho cuando ha interesado. Incluso dando un golpe de estado encubierto. Ha sido el pacto que ha servido para traernos los años de mayor estabilidad de nuestra Historia, pero hace aguas por muchos sitios y no podemos esperar a mojarnos, o se nos estropea la fiesta. Y los catalanes, como en la escopeta nacional, van a venir a vender sus porteros automáticos. No importa quién este en Moncloa o Zarzuela, ellos harán sus cuentas y reclamaran sus derechos históricos, eterna reclamación nacionalista. Hoy en 2014, con una democracia consolidada toca volver a preguntarnos algunas cosas que en 1978 no podíamos. Hoy tenemos la obligación moral y legal de encontrar de una vez por todas y para siempre cuál ha de ser el la organización territorial del Estado Español. Sin hipotecas del presente. Atémonos a un contato social que no tenga vicios.