domingo, 28 de septiembre de 2014

APUNTES Y REFLEXIONES DE UN VIAJE POR UN PAÍS SOCIALISTA: CUBA I.

 
 
 Cuando uno manifiesta una determinada ideología es básicamente porque la considera la mejor manera para alcanzar un equilibrio entre un nivel de progreso y un nivel de justicia social aceptable. Para ello hay muy diferentes maneras, desde la existencia de un estado intervencionista y fuerte - lo que hoy podemos llamar socialismo- hasta un estado casi inexistente dejando todo en manos del ser humano -liberalismo-. Todo cabe. En los últimos años he defendido siempre un nivel de intervención estatal importante; creo mucho en la codicia del ser humano. Y conocer más de cerca ese régimen de intervención del estado me ha llevado a elegir, entre otros motivos, Cuba como mi destino vacacional; y dando vueltas a la isla que he estado las últimas semanas. La perspectiva desde dentro siempre es diferente. Hablando, sintiendo y acercándome al cubano lo más posible, para extraer unas conclusiones puramente subjetivas en relación a unos hechos objetivos; no es más que eso. Al fin y al cabo no somos más que animales racionales: observamos, analizamos, y elegimos una opción u otra. Así que las próximas líneas no llevan más que la conclusión de unos días por una isla absolutamente maravillosa, y que, con socialismo o no, recomiendo a todo el mundo visitar. Además, como todo en la vida, no es ni blanco ni negro, todo con sus matices y claroscuros, y Cuba fuera del turismo político-social, es mucho mas que eso; es naturaleza, playas, montaña, buceo, noches -santiagueras-, música, ron, cristal, cultura, y como no, siempre buena gente.

miércoles, 2 de julio de 2014

ESPAÑA Vs. CATALUNYA. COMO LA ESCOPETA NACIONAL

A mi modesto entender cinematográfico Luis García Berlanga es el mejor director de la Historia del Cine Español. Lo que no es una opinión, si no un hecho meramente objetivo, es que es el mejor cronista de la España del S. XX. Sin duda. La Escopeta Nacional fue rodada en 1978, en los albores de una pseudodemocracia liberal burguesa que aun hoy día nos desgobierna. Un lavado de cara de lo que habían sido cuarenta años de dictadura de tres poderes fácticos: Iglesia, Ejercito y Banca; y hala, ya tenemos una democracia -no orgánica-. Todos ellos fielmente retratados y satirizados en esta obra maestra.


En 1978 España había sido capaz de forjar, tras mucho esfuerzo, una Constitución, que fue llamada de consenso, y quizá tenían algo de razón. No sé. Veníamos de un régimen dictatorial y teníamos que aunar diferentes realidades, derecha, socialistas, liberales, nacionalistas, comunistas,...; de una España que se había quebrado por la gracia de Dios hacia 1936. Quizá el resultado de toda esta amalgama fue ésta, nuestra Constitución de hoy. Y claro no era fácil, una chapuza en la organización territorial del Estado, una Constitución económica que no se cumple desde el primer día y unos principios rectores de la política social y económica que no inspiran acción alguna de las infinitas Administraciones que hemos creado en este Estado. Y cómo no, una monarquía que tuvo que ser aceptada hasta por el Partido Comunista, con el único objeto que traía la Democracia. Amén.

Y todo este retrato es el que genialmente filma Berlanga. Una Iglesia anclada en el S.XIX, interpretada por un clásico como Agustín González, que se ubica él solito por encima de lo divino y de lo humano. La familia de un Marqués, el de Leguineche, satirizada a la perfección por Luis Escobar y José Luis López Vázquez, que no dejan vicio por el camino. Y  cómo no, Jaume Canivell, industrial de porteros catalanes, que quiere aprovechar una cacería, por él pagada, en las tierras del marqués para hacer negocio en Madrid - o Madrit-.

La relación entre España y Cataluña -entendida como región, comunidad autónoma o estado independiente- lleva navegando  desde hace unos unos ciento cuarenta años, y las cosas no han cambiado tanto, la verdad. Y todo ello lo representa a las mil maravillas José Sazatornil, como Jaume Canivell, humillado y vejado hasta la saciedad por una burguesía en la más absoluta de las decadencias, y por un poder político que cambia según sopla el viento. Pero ahí está siempre el amigo catalán, fiel a sus negocios y no tanto a sus principios. Vamos que como decía Groucho, si no le gustan pues los cambio. Siempre ha sido así. Y quizá es lo que nos ha faltado en los últimos años, la compraventa de porteros no ha ido todo lo bien que querían, y claro, entonces el problema vuelve al principio: "el centralismo de los cuyons", que decía el sr. Canivell. A pesar de todo, la principal particularidad de este proceso es la izquierda, que ha aceptado el dogma nacionalista como si fuera un contrato de adhesión,  dejando olvidada la bandera y el lema de "proletarios del mundo uníos". ¿Por qué? Pues no lo sé, ni está ni se la espera. Probablemente sea el primer proceso nacionalista forjado en causas económicas y al que se abraza la izquierda autóctona amparándose en el derecho a decidir. En todo el mundo.

La política de hoy día no es más que el "yo te doy y tu me das"; luego ellos ya me darán algo cuando corresponda. Y Cataluña no ha vivido de otra manera en los últimos cuarenta años. Ahora bien, quizá haya llegado el momento de replantearnos ese pacto constitucional de 1978. Quizá merezca una reforma para ponerla al día, digo yo; que ya se ha hecho cuando ha interesado. Incluso dando un golpe de estado encubierto. Ha sido el pacto que ha servido para traernos los años de mayor estabilidad de nuestra Historia, pero hace aguas por muchos sitios y no podemos esperar a mojarnos, o se nos estropea la fiesta. Y los catalanes, como en la escopeta nacional, van a venir a vender sus porteros automáticos. No importa quién este en Moncloa o Zarzuela, ellos harán sus cuentas y reclamaran sus derechos históricos, eterna reclamación nacionalista. Hoy en 2014, con una democracia consolidada toca volver a preguntarnos algunas cosas que en 1978 no podíamos. Hoy tenemos la obligación moral y legal de encontrar de una vez por todas y para siempre cuál ha de ser el la organización territorial del Estado Español. Sin hipotecas del presente. Atémonos a un contato social que no tenga vicios. 

martes, 4 de febrero de 2014

HAITÍ, CUATRO AÑOS DESPUÉS

Han pasado ya cuatro años. Cuatro años desde aquel doce de enero de 2010. Aquél terremoto tuvo su epicentro a unos quince kilómetros de Puerto Prínicipe, la capital de de Haití; con una magnitud de 7,2 grados en la llamada escala Ritcher, y que se habría generado a unos 10 kilómetros de profundidad. Sus consecuencias en el exterior fueron devastadoras: 330.000 fallecidos, 350.000 personas heridas o mutiladas y un millón y medio de personas que no murieron directamente y que se quedaron sin hogar muriendo día a día, de enfermedades, epidemias y de pena; también de pena. Abandonados a su suerte. Abandonados hasta la muerte.


Cuatro años ya desde que los telediarios, avances radiofónicos, portadas de prensa y digitales de todo el mundo occidental nos rindiéramos a ver qué ocurría por aquellos días en Puerto Príncipe. Hoy ya no sabemos ni dónde está eso. Qué frágil tenemos la memoria; como la de los peces. Y junto a ellos también debieron venir alguna que otra ONGD, a repartir mochilas y hacerse alguna que otra foto. Por dónde vinieron también debieron marcharse. Juntos. Ambos.

Los primeros días, semanas quizá, tras el temblor, todos queríamos subirnos al carro de la colaboración, cooperación internacional y la farándula occidental. Supongo que esto nos hace sentirnos un poquito mejor cuando desde occidente nos dedicamos día tras día a explotar, expoliar recursos, colocar dictadores y fomentar guerras. Eso que tan bien se nos ha dado a lo largo de nuestra Historia. Los siguientes días la descoordinación imperaba por toda la isla, no existían bolsas ni para retirar cadáveres, quedándose durante días apilados, hacinados entre los escombros, el barro y la miseria. El cólera corría a través de la calles de Puerto Príncipe. El caos fue de tales proporciones que el dinero que dejó de tener valor; sí, el dinero. Volvió el trueque y la población pagaba a través de gasolina y agua potable.

Hoy los que continúan en Haití son las textiles americanas, como Levis, que aprovecha la carencia total y absoluta de derechos laborales, sociales y humanos para externalizar servicios. Y sorprendentemente... en Haití, ¡¡¡toma ya!!!. Parece que ellos no tenían tanta prisa como la prensa.

Y ya que en Haití no importan nada, y puestos a jugar, vamos a jugar con la alimentación de los haitianos, de los que pueden comer, claro. Monsanto, empresa americana y principal proveedor mundial de productos químicos para la agricultura - lo que son básicamente transgénicos- intentó llevar a cabo cooperación internacional a su estilo. Entonces decidió hacer un importante presente a los agricultores de Haití a base de semillas de productos transgénicas. Los principales sindicatos agrarios, que serán pobres, pero no son tontos, decidieron amablemente declinar tal invitación, lo cual no fue del agrado de Monsanto. Éstos aprovechando sus contactos con la Administración del Premio Nóbel de la Paz y con el Banco Mundial introdujeron las semillas a través de la cooperación norteamericana, es decir, a través de las ONG´s en el terreno, cargándose de esta manera la agricultura y el campo de Haití, que para un país subdesarrollado no tiene otra manera de dar de comer a sus conciudadanos.

Pero todo aquello ocurrió hace cuatro míseros años. Cuatro ya. Hoy el genialmente llamado Capitalismo del desastre, por Naomi Klein, tiene su principal paradigma en Hatí. Sí. A pesar de todo, tras la desorganización, la descoordinación, la corrupción, Haití ha podido encontrarse en un punto más o menos parecido a años anteriores al seísmo. Es de esas curiosidades que tiene la especie humana. Siempre sale de las dificultades. En los últimos seis meses se han reducido en un tercio las personas que siguen viviendo en campos de refugiados a lo largo y ancho del país. Aunque eso es porque las NN.UU. han decidido no computar 120.000 personas que viven en campos no oficiales. No les salían las cuentas sino. Una pena. Como todo. Una pena. Y así todo. Y ahora ya nadie se acuerda de Haití. Ya no salen por la tele. La prensa se había marchado hacía ya algún tiempo.

lunes, 20 de enero de 2014

APUNTES DE UN VIAJE I

Los que somos de tierra adentro podemos pasar horas mirando el mar. Akhfennir, es una pequeña localidad a las puertas del Sahara occidental, uno de esos escasísimos puntos del planeta en que se junta dos veces lo infinito. Por un lado la piedra y la arena del desierto, los camellos, las dunas y así 6.000 kilómetros hasta llegar al Mar Rojo; por otro el mar, el océano Atlántico, ese inmenso charco. Y ahí, entre medias, se extiende una pequeña localidad, de unos mil quinientos habitantes, saliendo de la nada; una avenida en las que hay poco más que unas tiendas de abalorios de todo tipo, especias, frutas, restaurantes de pescado frito y varios moteles, al más puro estilo Tarantiniano. Eso y poco más es Akhfennir.

Y aquí, paseando al atardecer de esta pequeña localidad sahariana, yo me pregunto, ¿de qué vive toda esta gente? ¿a qué se dedican? ¿pueden vivir en medio de nada en el vacío más absoluto? Lo que sí es cierto es que éste es un sitio muy particular; su emplazamiento lo hace todo. Y estos lugares me gustan mucho, me encantan.  Como me gusta casi todo lo diferente. Sus gentes se dedican a lo que todo el sahara: trabajo en el sector del pescado, en un muy discutible acuerdo de pesca con la Unión Europea y la extracción del fosfato. Así estas localidades no tienen más que dar de comer, de dormir y ver cómo pasa el tiempo por sus escasas calles. Ven pasar la vida; como pasan los camiones llenos de fosfato, arenas y pescado; como pasan los autobuses de línea; y como pasan los curiosos como yo. 

En muchos lugares del mundo me he dado cuenta que la vida no es más que eso, ver qué es lo que ocurre a su alrededor cada día, y poco más. En este desierto, el más grande del mundo, quedan ya pocos nómadas, éstos se han visto obligados por Marruecos, también, a ver pasar la vida. Pero un Pueblo nunca deja de ser un Pueblo, quieran o no quieran los Estados, y el Pueblo Saharaui, así viendo pasar la vida, día tras día, será pronto el Estado que tanto anhela. Aunque pronto quizá sean algunos años. El Estado Marroquí no ha dejado pasar tanto la vida: tiene en sus manos el sector de la pesca en el Sahara, la extracción de fosfato, la exportación de arena, el control más absoluto de todas las comunicaciones y están formando aquí el mayor parque eólico del planeta. Todo esto siempre con la inestimable ayuda de los Estados Unidos de Norteamérica, que tanto han luchado por la libertad e igualdad de los pueblos del Planeta. Ellos tampoco dejan pasar la vida, pero eso ya es otra Historia. No es esta historia.

Por la libertad del Pueblo Saharaui, por el reconocimiento oficial de un Estado para un pueblo. Viva la lucha del Frente Polisario. Viva el Sahara Libre.

martes, 17 de diciembre de 2013

DE LOS DOMINGOS POR LA TARDE

Los domingos por la tarde tienen un poco de todo. Tienen un halo diferente y maravilloso.  Me traen a la cabeza desde un cuadro de Seraut, una canción de la Cabra mecánica o unas buenas risas rememorando la noche pasada con una importante resaca. Pero, sin duda, lo más importante, para mi siempre serán recuerdos. No sé, quizá sea una virtud, eso de echar la vista atrás y tener presentes hasta los olores de determinados momentos. Otras cosas no se me quedan en la memoria; me suelo quedar con lo importante, de una u otra etapa; pero siempre recuerdos. En ese aspecto me parezco un poco a Garci, pero no mucho más, salvo en el gusto por algún que otro film. 

En mi infancia más temprana recuerdo el volver del pueblo. En esas tardes-noches en que uno llegaba prácticamente exhausto de estar jugando por la calle, se calientaba un poco a la lumbre y directo al coche, que al día siguiente había cole. En el coche, sin duda, fútbol. Seguramente "Tiempo de juego", que por aquél entonces lo dirigía José María García y que mi hermana y mi madre no se estusiasmaban demasiado con la idea, pero los varones de aquél coche luchábamos con ellas y las frecuencias para poder llegar hasta Salamanca escuchando aquél gol de Romario. 

El frío siempre ha estado presente en la idea de los domingos por la tarde. Volviendo de algún campamento, de reuniones de scout con un viejo coche empañado o pasando mucho frío en el Estadio Helmántico. Salamanca supongo que también es lo que tiene, un gélido invierno.

Una nueva adquisición de estas últimas temporadas es el bajar de la montaña. Suele hacer mucho frío, poca luz, nieve y unos buenos torreznos del pueblo de al lado esperándonos. Los bares de los pueblos son, no sé; diría el punto de encuentro mas particular que hay en los núcleos rurales. Suelen tener a los parroquianos más singulares jugando a las cartas todos los días del año. Pero en invierno esa singularidad se hace mucho más latente y se junta, en este caso, con el montañero que baja de la cumbre, al lado de una chimenea, jugando a las cartas, probablemente fumando dentro; y los otros que bajamos contando las anécdotas del camino mientras saboreamos ese primer trago de cerveza en la mejor compañía. No hace falta más.

Y volviendo a casa desde el campamento, desde la cima más alta, desde mi Salamanca o desde ese Madrid cercano ahora. El coche siempre caliente y sintonizada la radio, el medio de comunicación más cercano y sin el cual gran parte de mi formación intelectual no sería la misma. -Intelectual por decir algo.- Así que gracias a la radio por esos domingos por la tarde. Que serían domingos por la tarde, claro, pero no serían lo mismo.

martes, 10 de diciembre de 2013

GRACIAS, MADIBA.

Una de las primeras lecciones que aprendemos en la escuela es aquella que dice que los seres humanos nacemos, reproducimos y morimos. Cierto, aunque no todos lo hacemos de la misma manera; y Nelson Mandela es un claro ejemplo. Sus últimos días de vida  han sido un eterno morir, pero muy bien muerto; como aquella genial escena de "Amanece que no es poco", en la que un médico consuela al hijo del fallecido diciéndole lo bien que se está muriendo su padre. Pues eso. 

Mandela nace un 18 de julio, sí, sí, un 18 de julio, una de estas casualidades de la vida y otro día de san Federico, pero en este caso de 1918. Pertenece al Clan de los Madiba, una de las familias que componen los Xhosa y de las infinitas tribus que conforman, la que segun decía Margaret Tatcher, era la ingobernable república de Sudáfrica. Supongo que por ello dejaron al país vendido tras la descolonización. Mandela comienza a trabajar como abogado regentando el primer despacho dirigido por un negro en Sudáfrica, hacia 1953, en medio de un país comido por el odio entre blancos y negros. Donde el veinte por ciento de la población -blancos- aniquilaban y exterminaban al ochenta por ciento restante -negros, sobra decir-. Esto es lo que en los telediarios de todo el mundo hemos oído estos días como la política del aperhaid. El Aperhaid llevo a cabo la creación separada de lugares para blancos y negros, de ocio, transportes públicos, lugares de culto - ya que dios no se fija en los dólares, pero sí debía hacerlo en el color de la piel- incluso la prohibición de relaciones sociales y más aún, matrimonios. Sudáfrica sin darse cuenta se había metido el tren de la Historia y había parado en la Alemania de los años treinta. Y mientras, ahí estaba la potencia colonizadora, adalid de las libertades en el mundo entero, al igual que hoy día repartiendo lecciones magistrales de cómo invadir países para imponer regímenes democráticos. 

Madiba había entrado en política unos años antes y hacia 1960 la discriminación y exterminio social de la raza negra era brutal.  Así, Mandela se convierte en uno de los grandes líderes en la lucha contra el régimen establecido. Delatado por la CIA, es detenido y entregado al gobierno siendo acusado de terrorismo, agitación de los trabajadores y salir del país sin permiso, como todo negro de bien. Total veintisiete años, hasta febrero de 1990. 
Por aquel entonces era Presidente un tal Klerk, que acompañó a Madiba en todo el proceso democratizador del país, incluso les reconocieron su labor con un premio Nobel conjunto, algo más merecido que alguno de los últimos. Mandela venció las elecciones de 1994 y fue presidente del país hasta 1999, cuando se retiró de la política voluntariamente. 

Y así, como un líder de masas, Mandela, quien fue capaz de unir a un país que no existía, con once lenguas oficiales y cientos de tribus parloteando y usando sus costumbres como normas con rango de ley, se ha ido. Ha fallecido el pasado 5 de diciembre. Madiba nos deja el mayor legado de superación habido jamás: 27 años en prisión encerrado por ser negro y capaz de salir y convertirse en el Presidente de un país que mira por la reconciliación como seres humanos que somos. Deja un mundo aplastado por las desigualdades, de ser negro, de ser mujer, o de tener una determinada condición sexual. Pero Madiba siempre quedara en el recuerdo como el gran estandarte de la defensa de los derechos civiles, de las clases, de las razas, en definitiva, de eso que llamamos ser humano y cuya declaración aprobamos en el seno de las Naciones Unidas y que no siempre hacemos demasiado caso. 

Hoy Johanesburgo también se ha vestido de luto para el día de los funerales de Estado. Ha llovido toda la mañana y un fuerte viento ha teñido de gris su fiesta de despedida; no quería permanecer impasible, como tal día de final de primavera y ha sido su manera de protestar. Raúl Castro y Barack Obama han decidido asistir; lo poco que queda de los polos de aquella Guerra Fría que vio pasar 27 años entre rejas. Yo me quedo con su legado, con su memoria, con sus ansias de reconciliación y con su afán de igualdad; pero sobre todo con una frase suya poco conformista, y es que "disponemos de la mejor herramienta para cambiar el mundo, la educación. Usémosla". Gracias, Madiba.

martes, 12 de noviembre de 2013

FILIPINAS, DONDE LA TIERRA TIEMBLA Y EL VIENTO SOPLA.

Como un mero contador de kilómetros. Así computamos hoy los muertos. Retirando cadáveres completamente hacinados entre los escombros del huracán. Tras una tormenta que sopla hasta devastarlo todo. Y luego nada. Hambre y miseria. El Caos y la desesperanza han tomado Filipinas. Y contando muertos tras el maldito tifón tan sólo encontramos indiferencia. La de una sociedad occidental que tiene vacío el corazón de los sentimientos y de la empatía. 

Tenemos la suerte de haber nacido acá arriba. En la parte del globo terráqueo más apta  para la vida humana. Las condiciones del clima así lo permiten; los desastres naturales apenas existenten en la vieja Europa. Evolución o selección. Pero así es. Vivimos en la mejor zona climática de la Tierra. Con unos recursos naturales escasos, pero no importa. Tenemos a tres cuartas partes del planeta trabajando para nosotros. Entre la explotación de recursos y el cólera inherente a los desastres como el causado por Hayan. Somos unos auténticos privilegiados y no somos conscientes de ello. Y para ahondar más en la herida sacamos a un grupo de científicos, muy estudiosos ellos, que lo único que hacen es recordar que con el cambio climático mundial estas catástrofes naturales serán más que habituales en los próximos años; lo que aquí es alarma allí es pánico. Bien.

Pena es que esta sociedad no pueda mirar al futuro. Hoy todos los telediarios del mundo mundial se apiadarán de sus almas. Incluso las de los muertos. Pena es que no sirva para nada. Y saldremos porque somos muy solidarios enviando millones de toneladas de ayuda humanitaria. Y médicos sin fronteras y cruz roja hablarán mucho y dirán poco. La ayuda se apila en montones sin sentido y totalmente desorganizada. Ahora bien, es entonces cuando tenemos que recordar que son éstos. Que éstos son los muertos de Lampedusa de hace unas semanas. Y lo único que hacemos es tener la poca vergüenza de pedirles papeles. A estas personas. Sociedad enferma. A éstos que son explotados y aplastados por un sistema que les condena a quedarse allí hasta la eternidad, extrayendo recursos de un planeta que no da para más y de una globalización que los condena para siempre a cambio de nada; hasta que puedan entrar aquí arriba y perder los sentimientos. Hasta que se olviden de donde la tierra tiembla y el viento sopla.